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Ojos de agua

A las hermanas Mirabal, mártires.

El niño bajó la cuesta, ahora camina por la vieja carretera. Va desnudo, en su corazón laten los misterios de la primavera.
Ese camino está lleno de flores y bordeado por árboles grandes que pegan al cielo.
A lo lejos el río corre con sonidos extraños. El niño lleva sus manos vacías y la mente cargada de luz.
Cruzó el potrero y llegó al río, perseguido por el mugido de las vacas.
Está parado sobre una piedra frente a su charco preferido. Para lanzarse al agua levantó los brazos, cerró los ojos y respiró profundamente.
Inició el clavado y cuando cayó, al charco se le abrieron muchos ojos de agua. De ellos salieron tres hermosas mariposas, alegres, libres, juguetonas. Luego se multiplicaron y fueron seis, y más, y más... Se pobló el charco de mariposas, el monte se lleno de mariposas, Salcedo de nubló de mariposas, y el mundo, el universo, se atiborraron de mariposas. Y el niño, sonreído, desde el charco, juega y juega como si fuera día de San Juan.

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AUTOR

Virgilio López Azuán, autor de CUENTOS ETERNAMENTE BREVES, que este blog promueve, es uno de los más importantes expositores del microcuento en la República Dominicana. Ha sido ganador de premios nacionales en cuento, poesía y teatro. Es experto en temas educativos y ha sido declarado por el Ayuntamiento como HIJO MERITISIMO DE AZUA

Monólogo de la Rosa

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La cabeza del arco iris

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